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A no ser que se sufra de insomnio y que cualquier cabezada diurna pueda incidir en el sueño nocturno, una siesta de entre 20 y 45 minutos es más que saludable.
Entre sus beneficios cabe resaltar que aumenta la capacidad para pensar, argumentar y tomar decisiones, reduce el estrés, ayuda a prevenir enfermedades cardiovasculares, recarga los depósitos de energía, mejora el rendimiento intelectual y acelera el proceso de regeneración celular. Y, en contra de la creencia popular, la siesta no engorda. De hecho, hay muy poca diferencia de gasto calórico de nuestro organismo entre estar sentado viendo la televisión o leyendo y dormir.
Y si se trata de una actividad de perezosos, decir que es histórica y no exclusiva de los humanos. La palabra “siesta” tiene su origen en la sexta hora romana (las tres de la tarde), donde tras una comida más o menos copiosa apetecía, -y apetece-, sestear sobre todo por estas latitudes y tanto a humanos como a animales.
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