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Cuando pensamos en dormir con nuestro bebé o niñ@, visualizamos la imagen como algo muy idílico, tierno y cariñoso y sería así si el pequeño no se moviera mucho, adaptara su postura del sueño al hueco en nuestro lecho o bien tuviéramos muy claro que vamos a pasar la noche en blanco viéndole dormir plácidamente.
Tal y como muestra la ilustración, la realidad del colecho es otra: los pies de tu pequeño en tus riñones, tu pareja durmiendo en el sofá, una bufanda humana en tu cuello,… por no hablar de las tortícolis, los brazos entumecidos y los dolores por todo el cuerpo de la mañana siguiente. ¡Ah! Y el no te muevas, no vayas a aplastarle…
Si lo que queremos realmente es descansar y estar frescos al día siguiente, -adaptamos la frase-, “cada uno en su cama y Dios en la de todos”, aunque… ¿Es eso lo que queremos cuando acostamos a nuestros niñ@s con nosotros? ¿O nos conformamos con verlos, -con ojos como platos pero, eso sí, amorosos-, dormir tranquila y profundamente?
Ilustración: www.howtobeadad.com

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